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sábado, 31 de octubre de 2009

El país donde las lesbianas no somos excluídas.

Vivo en un país donde a las niñas nadie les dice que cuando sean grandes, van a tener novio, casarse y tener hijos.
Aquí, nadie regaña o aconseja que no lo haga, a las niñas que espontáneamente dicen, me gusta esa niña, amo a esa niña.
En este país, la religión no señala de pecado el amor o la relación sexual entre mujeres.
Las escuelas no expulsan a las alumnas que tienen relaciones de noviazgo entre ellas.
Muchas mujeres que se nombran públicamente lesbianas, trabajan como profesionales, son artistas, pueden elegir o ser electas en cargos públicos.
En esta sociedad nadie puede discriminar o ejercer violencia contra las mujeres que mantienen relaciones eróticas y/o afectivas con otras mujeres, porque si lo hacen, el Estado a través de sus autoridades, lo considera una violación a los derechos humanos y lo investiga y sanciona.
En fin, este país tiene las condiciones para que una mujer lesbiana como yo, pueda vivir felizmente, porque nadie pone tropiezos a mi libre determinación del goce y disfrute de mi cuerpo y sexualidad, de mi libre expresión y a mi derecho a las oportunidades que ofrece la vida en sociedad.
Este país no existe todavía... pero es un país que sueño. Ese sueño es el que inspira mis luchas sociales. Esa es la utopía a la que me adscribo. y vos, cuál es tu utopía?

miércoles, 25 de febrero de 2009

OPINION

LAS SUPER LESBIANAS


Hace algunos días nos reunimos con algunas amigas, hablábamos como casi siempre una ensalada de cosas, ninguna menos interesante que la otra, por supuesto.

De toda la conversación, en mí quedó dando vueltas la idea de nuestra teoría de “la compensación social” después de analizar nuestras formas de ser, los roles que asumimos o nos imponen, llegamos a este convencimiento.

Todas las ahí presentes, somos “inteligentes” “emprendedoras” “valientes” “responsables” “proveedoras” “resolvemos cualquier situación” en fin somos un dechado de virtudes. Y nos cuestionamos, por qué esas características nos eran comunes y por qué sentíamos que debíamos ser así y no de otra forma.

Pues bien, concluimos que necesitamos “compensar a nuestra familia y a la sociedad en general” por ser lesbianas, por salirnos de la línea trazada, de la “normalidad socialmente establecida” debíamos ser ejemplo de todas las virtudes posibles, para que finalmente se dijese de nosotras: ella es lesbiana PERO es inteligente, responsable, buena proveedora, valiente, etcétera, etcétera…

Y yo me quede pensando que es demasiado conveniente para el sistema y las personas que se apegan al status quo, que personas como nosotras las lesbianas existamos, les es tan fácil exigirnos o pautarnos estándares altos de excelencia personal y profesional y nosotras por nuestra parte, la tenemos difícil, para asumirnos lesbianas sin culpas y no caer en la auto exigencia de la compensación social.

Lucía Morán